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Trump es realista frente a Rusia

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Pero las siguientes ampliaciones inquietaron a Moscú, cuya nueva dirigencia encabezada por Vladimir Putin consideró la cuestión como una suerte de Yalta II e incluso un Potsdam II, es decir, decisiones centralmente geopolíticas sobre el espacio europeo sin considerar intereses de Rusia, que ahora, en su carácter de Estado-continuador de la Unión Soviética, era tratada como el actor derrotado y hasta repudiado.

La decisión de Occidente de ampliar la OTAN más allá de lo recomendable fue criticada por sectores realistas de los Estados Unidos, tanto por aquellos que atienden la estructura y el equilibrio de poder en el sistema internacional, por caso, Kenneth Waltz o Henry Kissinger, como por aquellos que defienden y promocionan la hegemonía como el modelo o patrón de seguridad más elevado en las relaciones entre Estados, por ejemplo, John Mearsheimer.

Más recientemente, el profesor Stephen Walt (otro gran realista) planteó que durante el último cuarto de siglo los mandatarios estadounidenses han ignorado el realismo en las relaciones internacionales. Entre los casos más importantes y concluyentes, Walt argumenta que esa ignorancia explica las cada vez más conflictivas relaciones de Estados Unidos con Rusia y China, la retirada de la democracia en Europa del este, la degradada situación en Medio Oriente, en Afganistán, etc. Sostiene que si Bush hubiera escuchado a realistas, por caso, a un Brent Scowcroft, no habría invadido Irak en 2003, y la región no sería el caos que es debido en buena medida al colapso del Estado de Irak e Irán no tendría el poder que despliega.

En línea con los argumentos críticos ante la ampliación de la OTAN, el experto advierte que si se hubieran considerado patrones del realismo los Estados Unidos no habrían empujado a expandir la OTAN, pues los realistas entienden que las grandes potencias son especialmente sensibles a las configuraciones de poder cerca de sus fronteras. Expandir la OTAN habría envenenado las relaciones con Rusia. Un realista habría optado por la Asociación para la Paz, un espacio que buscaba construir lazos de seguridad con Europa del este y con Rusia.

En breve, Donald Trump sin duda despliega su campaña con bastante demagogia y sobreactuación, pero podría convertirse en el próximo mandatario de Estados Unidos. Y en la arena internacional e interestatal el próximo mandatario deberá afrontar múltiples cuestiones, muchas de las cuales tienen a Estados Unidos como responsable total o parcial.

En gran medida, la crisis entre Occidente y Rusia es producto de una notable carencia de realismo por parte de un actor mayor del orden internacional, que posee una gran experiencia internacional y que sabido proveer al mundo de aquellos bienes públicos internacionales tan necesarios para su estabilidad. El realismo implica considerar las fuerzas profundas en las relaciones internacionales y determinar aquellos cursos que amparen los intereses nacionales. Pero el amparo de los intereses nacionales propios no puede basarse en afectar y amenazar los intereses de otros actores, mucho más si se trata de actores poderosos que, como Estados Unidos, exigen deferencia.

Aunque pueda resultar poco aceptable, hoy el candidato Donald Trump entiende mejor que su oponente demócrata que Occidente ha ido más allá de lo recomendable frente a Rusia, y que es necesario desplegar medidas para reequilibrar la situación internacional.

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